El propósito es que los niños no se limiten únicamente a leer o escuchar sobre el ciclo vital de una planta, sino que lo vivan de manera directa mediante la siembra, observación y registro del crecimiento de una semilla. De esta manera, ellos mismos serán testigos de cómo, a partir de algo tan pequeño como una semilla, surge un organismo vivo que necesita agua, luz, aire y suelo para desarrollarse.