Las poblaciones asentadas en las riberas de los grandes ríos de
Asia, África y el mar Mediterráneo desarrollaron técnicas de riego
que favorecieron el aumento de la productividad agrícola, lo cual se
reflejó en el crecimiento de la población, la especialización de los artesanos,
el comercio a larga distancia y el surgimiento de los primeros
gobiernos, asentados en ciudades. En esas condiciones surgen
las primeras civilizaciones.